ESPACIO PROFUNDO 127
42... La crisis dañó gravemente nuestro casco de madera y el barco de Inmersión seguía navegando por los quioscos españoles a medio gas, ya que pasa- mos de ser una publicación mensual a una bimestral. Aunque eso me dolía en el alma, seguí luchando por mantener el barco a flote, pero en agosto del 2012, el número 150 de Inmersión sería el último en editarse. Mi revista, mejor dicho... ¡mi vida! se hundía junto al barco de Inmersión... Mientras nadie sospechaba que ya éramos lite- ralmente un pecio, Francisco Javier Murcia me ofreció un reportaje único, un endemismo del Mediterráneo. Un escurridizo pececito verde que sólo vive sobre las hojasde P. oceanica ycomopodránustedes imaginar... se me partió el corazón en dos. ¿Cómo decirle que nunca más publicaríamos nada y que ese reportaje no vería la luz? Del papel, al iPad Dicen que cuando una puerta se cierra, se abre otra... pues bien, esa fue la razón por la cual este libro pudo realizarse. Lógicamente tuve que darle largas a mi querido amigo Francisco Javier, hasta que contacté a Santos, otro buen amigo quién estuvo maquetando la revista durante un tiempo. Después de darme el pé- same profesional me propuso “un proyecto novedoso”. Sobra decir que yo estaba más hundida que el pecio Thistlegorm y que tenía ganas de todo, menos hablar de publicaciones... Pero quise darle la oportunidad de explicarse ¡y menos mal que así lo hice! Fue entonces cuando escuché eso de ibook. Es decir, Santos tenía un iPad y conoce bien las ventajas de esa tecnología, algo que yo ignoraba totalmente ya que no tenía iPad ni sabía para qué se utilizaban. Teniendo ya el modo de publicar de forma menos gravosa, salvo por el pago de la licencia de administrador de la cuenta, sólo quedaba saber qué íbamos a publicar. Entonces, fue cuando vino a mi me- moria, ese pequeño pez verde y cuyo reportaje había quedado en el olvido. Rápidamente llamé a Francisco Javier y le conté la gran noticia. Y entonces, comenzó el proyecto de hacer un ibook. Existen otras plantas fanerógamas que forman praderas en el Mediterráneo, como es el caso de Ruppia cirrhosa . Las pelotas de mar están compuestas de fibras y restos vegetales que se compactan con la arena, gracias a los temporales.
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