Edición 150
E l hablar de Salares, inmediatamente nos transportamos al norte de Chile, a lagunas salinas en medio del desierto alimentadas por napas subterráneas que nacen en la Cordillera de Los Andes. Muy conocidos son el Salar de Atacama, de Surire, Coposa, laguna Cejar, de Huasco y varios más repartidos en las alturas de la pampa nortina. Entre estos, destaca el salar de Llamara, el cual está ubicado en la primera región de Chile, Tarapacá, a unos cientos de kms. al sur de la ciudad de Iquique en medio de la pampa del tamarugal a unos 750 msnm. En sus aguas, y según los científicos, nadan (o nadaban) criaturas con más de 3,500 millones de años de edad, (más antiguas que cualquier di- nosaurio conocido), estas criaturas han participado protagónicamente en la historia de la vida en la Tierra y hoy conforman comunidades con forma de callampas fósiles. Copos de Nieve Estas callampas, son los estromatolitos, fósiles de estas criaturas, llamadas cianobacterias, los cuales desde la superficie parecen copos de nieve flotando en las aguas turquesa de esta laguna, y bajo el agua pequeños Baobabs que surgen desde el fondo de cristales de sal de formas geométricas perfectas y terminan en fatamorganas en el espejo de agua de la laguna. La historia del Salar no está exenta de hechos que ponen en riesgo su existencia, el agua en el desierto es un gran tesoro, y desde su descubrimiento, este salar ha sufrido la extracción perma- nente de su agua. Hace unas décadas atrás, durante la construcción de la Ruta 5 Norte, decenas de camiones aljibes extrajeron su agua para los procesos camineros, llegando a secar el salar en su totalidad. Hoy, el proceso de recuperación ha sido lento, su agua es muy importante para los procesos de muchas compañías mineras, y a pesar de ser sitio prioritario para la conservación, el Salar sigue en peligro de extinción. 27
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