Edición 157

6 Imagen: Archivo Espacio Profundo Imagen: Tahiti Traveling Desde que se llega a Tahití y sin importar en cual de las islas será la estancia, la hospitalidad y cordialidad es inigualable; en donde se siente que desde la sonrisa hasta cualquier servicio no son parte de una obli- gación y que se espere por ello una remuneración; los tahitianos no buscan una retribución económica por dar algo de ellos (la propina no existe), es parte de su ser y de su cultura; la amabilidad se siente desde el momento de la recepción en el aeropuerto, en donde se es recibido tanto con un collar de flores con- formados principalmente por el símbolo de esta zona insular: la flor de Tiare (hermosa y aromática flor blanca parecida a la gardenia), como expresión local de bienvenida acompañado de expresiones como: Ia Orana (hola), Maeva (bienvenido) o Manava (saludo). Tahití y sus islas se encuentran en el corazón del Pacífico lejos de las grandes urbes; así los puntos de contacto desde: Asia es Tokio distante a 8800 kms.; de Australia vía Sydney a 5700 kms. y Auckland en Nueva Zelanda a 3900 kms.; y con América existen dos vías de contacto, con Los Angeles a 6200 kms. o vía Santiago de Chile en Sudamérica a 7500 kms. Estas grandes distancias y alejados de todo, les ha permitido mantener su propia identidad, y aunque la influencia francesa ha tenido cierto impacto, las costumbres en la Polinesia han permanecido, ya que son sabedores de que están muy cercanos al Edén; el cual se localiza en ellos mismos, en su propio ser, en su interior y su manera alegre de vivir y que lo expresan mediante sus danzas, música y canto, así como en la forma de interrelacionarse con los recursos que la madre naturaleza les brinda. Esta forma de vida está enmarcada por la posibilidad de obtener o cubrir sus requerimientos básicos con los recursos con que se dispone en cada una de las diferentes islas que conforman Tahití; recursos obtenidos principalmente del mar.

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