Edición 163
En el momento en el que entras, todo desaparece; tus problemas, tus preocupaciones, tus alegrías, tus inquietudes y tu impaciencia, todo desaparece. Entras en una dimensión donde la gravedad parece burlar a lo normal, eres capaz de volar sin alas entre criaturas inimaginables y majestuosas, y es ese preciso momento en el que te das cuenta de qué tan pequeños somos en este planeta, al que curiosamente llamamos Tierra, cuando en realidad es agua en casi su totalidad. El Océano, mi cámara, y yo Mi retina es mi eterno carrete y mi cámara mi ayudante para mostrar la razón de por qué debemos cuidar todos y cada uno de los animales y seres que habitan en él. Cada zambullida es un interrogante y a la vez una exclamación en la que se viven momentos que quedan en el propio recuerdo para el resto de una vida. Esa es la razón por la que amo la fotografía, la oportunidad de congelar ese efímero momento que sólo tu has visto, desde esa perspectiva y ese ángulo, con ese movimiento, esa luz, esos colores y esa fuerza y energía invisible, que pocos ven, bajo una densa columna de agua. Desearía ser un pez para no tener que sacar nunca la cabeza a la superficie, pero entonces no podría documentar e inmortalizar las maravillas que nos regala el gran azul. Vestido del color más bonito, el casi infinito Océano es mi modelo preferido. Cuidémoslo, y él nos lo agradecerá. Foto: David Serradell Zamora 33
RkJQdWJsaXNoZXIy MTc4MjM=