Edición 170
Uno de los grandes predadores y controlando su reino casi intacto, se nos acerca sigilosa- mente; su presencia refleja que en este lugar hay un arrecife sano, en donde cohabitan di- versas especies que pertenecen a la cúpula de los predadores, que en conjunto cumplen con su labor de mantener un balance ecológico. Algunos ecologistas consideran a los cocodri- los como especies paraguas, ya que se encuen- tra en la parte alta de la cadena alimenticia, siendo a lo largo de su vida un depredador selectivo de presas, lo que le permite el con- trol de otras poblaciones de animales en su zona de influencia y el reciclado de nutrientes para el ambiente. Por su osadía de acercarse al ser humano, a Niño se le ofrece pollo crudo como obsequio; con un rápido y poderoso movimiento de su cola se impulsa fuera del agua para atraparlo, mostrando la fortaleza de su pesado y largo cuerpo cónico. Después de esta acción y como preámbulo a la aceptación de nuestra estancia e invasión en su hábitat, se queda cerca de nosotros, a veces inmóvil flotando y otras se sumerge para quedar sobre los pastos enseñando con la boca ligeramente abierta en su larga y es- trecha cabeza, el poder de su dentadura. Por la forma de su cresta y cabeza, recibe, dependiendo de la región donde habita, di- versos nombres como: cocodrilo narigudo, cocodrilo aguja, caimán de la costa, caimán aguja o cocodrilo de Tumbes. Un cocodrilo americano en su etapa adulta puede llegar en promedio a medir unos 4.5 mts. de largo y llega a pesar hasta 450 kg.; la hembra un poco menor alcanza los 3 mts. Foto: Iván Salazar G. 9
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