Edición 186

Para el 14 de febrero su pie aún esta- ba inflamado y con cavidad de 8 mm. de profundidad, por lo que la limpiaba a diario; su condición había mejorado pero aún se encontraba débil, sintien- do mareos cuando se paraba, teniendo dificultad para respirar y caminar. En Mauricio, los pescadores hablan de una cura tradicional y cuentan la siguien- te historia: Gaetan, un pescador al sacar un pulpo de su escondite, no vió a un piedra en la entrada de la grieta; las es- pinas dorsales penetraron en su brazo. A pesar de la cantidad de antibióticos, el brazo mostró signos de necrosis; los doc- tores decidieron que para salvar su vida, tendrían que amputárselo. Como último recurso, la familia consultó a un pescador quién había tratado exito- samente a víctimas de picadura del pez piedra. Primero cortó en la herida y suc- cionó con la boca para extraer veneno y pus; después aplicó un cataplasma de hojas maceradas (las hojas usadas son un secreto, el cual se pasa al hijo en el lecho de muerte del padre). Foto: Ivan Salazar G. Mare Nostrum Expediciones Foto: Ivan Salazar G. Mare Nostrum Expediciones Foto: Ivan Salazar G. Mare Nostrum Expediciones Los peces piedra no son agresivos, pero al sentirse amenazados, levantan su aleta dorsal para prevenir el ataque. El pez piedra tiene un cuerpo verrugoso y manchado que no se distingue del medio que lo rodea. Como piedra, este pez espera con paciencia el momento en que pase su presa y con rápido movimiento se la engulle. 13

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