Edición 189
52 Ahoranos dirijimos rumbo a PuertoAyora en la Isla Santa Cruz, en donde se encuen- tra la estación Charles Darwin y lugar de visita casi obligada, me permite hacer un recuento de las vivencias de nuestro reco- rrido y reafirmar lo que el gran naturalista CharlesDarwin en1859, basado en su viaje que duró cinco años a bordo del “Beagle”, en donde observó de forma minuciosa plantas yanimales, que lepermitióplantear hace 160 años su Teoría revolucionaria de la Evolución de las Especies. Dicha tesis creóunenfrentamientocon la iglesia y el pensamien- to tradicional, ya que ésta plantea que a partir de un tronco común, e influido por un determinismo geográfico, en donde todos los aspectos ambientales influyen y promueven (como una forma de supervivencia) en cada especie, adaptaciones fí- sicas, las cuales se van ajustando biológicamente a los cambios en el ambiente. Todos estos ajustes o mutaciones benéficas que se dan a través de mucho tiempo y de generaciones, se desarrollan a través de la selección natural; cada subespecie conlleva variaciones genéticas las cuales son heredables a las generaciones futuras. Riqueza biológica debido a la corriente fria de Cromwell Lobo marino de las Galápagos
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