Edición 189

P ara nadie es un secreto que el punto de disposi- ción final de las aguas re- siduales es el océano; de Para ello, la profundidad del emisario submarino debe ser entre 20-70 metros y la distancia de la costa debe estar entre 1 y 5 kilómetros; sin embargo, esto no siempre se ha cumplido. En San Andrés, por ejemplo, el emisario fue construido con una tubería de apenas 500 metros de longitud, de los cuales 150 metros están sobre un lecho coralino y los restantes 350 están apoyados sobre un fondo arenoso a una profundidad no mayor de 20 metros. hecho, cada año millones de ga- lones de aguas no tratadas son descargadas directamente en el océano, impactando negativa- mente a los ecosistemas marinos como los arrecifes coralinos y a todas las especies que dependen de ellos. Foto: Arturo Hernández V. Líneas de pesca atoradas en el coral. Estos sistemas fueron diseñados en la década de los 80’s para aprovechar al máximo la capacidad innata de asi- milación del ambiente marino, el cual se creía que funcionaba como una planta de tratamiento y disposición, y que no producía ningún impacto indeseable a la columna de agua ni a la vida marina. ¡Sin embargo, hoy se conoce que no es así! En San Andrés, así como en Santa Marta y Carta- gena, Colombia, las aguas residuales son llevadas al mar por medio del emisario submarino, sistema de “tratamiento” de aguas residuales que consiste en una tubería con difusores que conduce estas aguas mar adentro. Teóricamente, este sistema permite que las aguas negras se logren mezclar en el cuerpo de agua sin que la carga orgánica provoque daños sanitarios y/o ecológicos a los ecosistemas marinos y terres- tres, como tampoco a las comunidades. to: Edgardo Ochoa Foto: Edgardo Ochoa Evaluando los daños que ocasionan sobre el arrecife las descargas de agua residuales. Se pensaba que el ambiente marino tenía la capacidad sin afectación alguna por la aportación de aguas no tratadas. 57

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