Edición Cenotes Primera parte

aPenínsuladeYucatán, enMéxico, presenta un gran número de cuevas y dolinas (bó- vedas colapsadas) inundadas, de origen se- dimentariocalcáreo, conocidas localmente como cenotes. Dicho nombre es una derivación de la palabra maya ts´onot o ts´ono´ot, que significa “cosahonda”, “abismo” o “profundidad”. Debido a las características químicas del agua, la falta de luz y sedimentos finos y mineralizados, estos espacios han favorecido la preservación de vestigios tanto arqueológicos como paleontológicos. La importancia de las cuevas y cenotes para los mayas fuedocumentadadesdeel sigloXVIporFray Diegode Landa, peroel interés por suexploración comenzóafinales del sigloXIXyprincipios del XX, con viajeros como John L. Stephens y Frederick Catherwood e instituciones como la Carnegie Institution de Washington. Probablemente el antecedente más famoso de recuperación de materiales arqueológicos en este tipo de sitios es el caso del cenote Sagrado de Chichén Itzá, realizada por Edward H. Thomp- son entre 1904 y 1909, y posteriormente por el arqueólogo Román Piña Chán, de 1960 a 1961 y de 1967 a 1968. En los últimos años, el Instituto Nacional de An- tropología e Historia ha llevado a cabo el registro de cenotes en los estados de Yucatán y Quintana Roo, conunagrandiversidaddeevidenciaarqueo- lógica de la cual iremos hablando en esta serie de artículos. L Linda Schele y David Freidel afirman que los mayas del periodo Clásico (0-900 después de Cristo) creían que los habitantes del inframundo vivían de cabeza y que al ponerse el sol Xibalba rotaba sobre la tierra para formar el cielo nocturno. En una representación del cosmos, pintada en un plato trípode, el cual se cree fue destinado a contener la sangre que ayudaba a abrir el portal al otro mundo, se pinta el portal abierto como una gran serpiente barbada y de mandíbulas esqueléticas que representa las fauces del inframundo. Los mismos autores interpretan que “de las mandíbulas de la serpiente manan las aguas puras y vivificantes de la tierra y por debajo fluyen las oscuras y fecundas aguas del inframundo”. La plataforma calcárea de la Península de Yucatán, es conocida geológicamente como “Bloque Maya” y semeja un queso gruyere por la cantidad de cavidades en el subsuelo. Imágen: CONABIO Las cuevas y cenotes han sido escenarios de gran importancia para los mayas desde tiempos ancestrales, ya que se consideraban portales o ventanas al mundo de los muertos. Como es sabido, los mayas, al igual que muchos grupos mesoamericanos, creían que al morir las personas recorrían un largo camino hacia el mundo de los muertos, para ellos llamado Xibalba . Xibalba, el mítico lugar en donde moraban los dioses, los antepasados y demás seres sobrenaturales, se ubicaba físicamente en el subsuelo terrestre y bajo el agua, por lo que también es conocido como "inframundo". Foto: Yibran Aragón 18

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