ESPACIO PROFUNDO 139

D esde hace unos años, parece que la opinión generalizada en el mundo del buceo deportivo coincide en un punto en concreto: cuanto más profunda es la inmersión, más alto es el riesgo que supone la descompresión. Esta afirmación se basa en los informes sobre accidentes de buceo recopilados en los últimos 10 años tan sólo en Europa. De hecho, de acuerdo con los incidentes exami- nados, el porcentaje de accidentes es muy bajo, de un 0,04%. Pero si miramos las profundidades alcanzadas, losporcentajes varían. Vemosquemásalláde los30mts. el riesgo se multiplica por seis. Independientemente de ello, continúa siendo un riesgo aceptable para algunas personas. La conclusióna laque se llega segúnestas cifras puedeparecer bastantesimple: haymuchas inmersiones fuerade lacurvadeseguridad (límitesindescompresión), pero el número de accidentes aún se considera bajo. Ésta sería una teoría aceptable si se pudiera dar unaexplicacióna losaccidentespordescompresión, aunque actualmente lamitaddeellosnopuedenexplicarsemediante los algoritmos de descompresión disponibles. Así pues parece que esmás importante revisar los procedimientos debuceo, yaquees ahí dondedeberíamos encontrar la respuesta. Por ejemplo, se ha hablado mucho sobre la permeabilidad del foramen oval como una de las «causas» de los accidentes de buceo, pero los estudios nos han demostrado que son las burbujas las que causan los problemas disbáricos y que su paso a través del FOP (una peculiaridad del corazón que está presente en más o menos el 30% de la población) no sucede tan fácilmente como hubiera podido parecer a primera vista. (Balestra et al., 1998; Germonpré et al., 1998). Evitar cualquieresfuerzo físicocon laglotis (gargan- ta) cerrada por un periodo prolongado (6-10 seg.) durante la fase de descompresión es un buen consejo para quienes tengan FOP, pero también para los demás buceadores. Foto: Iván Salazar G. Mare Nostrum Expediciones 51

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