ESPACIO PROFUNDO 146

21 Luego está el mar. Ese mundo siempre tan desconocidoquenos invita a explorarlo. Para mi ha sido siempre una pasión y una necesidad estar cerca de él. Quizás en mis genes está escrita la historia de esos antepasados ligados de alguna forma al mar: pescadores, navegantes, quizá hasta piratas; empe- zando por mi propio padre que nació en un puerto de pescadores en el Mar Cantábrico. Al haber nacido en una ciudad a dos mil metros sobre el nivel del mar, y a más de cuatrocientos kilómetros de la costa, no había mucha oportunidad para mi de ser pescador o navegante, pero de alguna manera los genes se confabularon para crear en mi esa afición de bucear y regresar al mar. Él y cada viaje me han brindado la oportunidad de conocer una diversidad de lugares y gentes, con los que se sigue entretejiendo esta historia que es mi vida. Viajar es un estadomental. Es por ello por lo quemuchos noviajan realmente.Creenquedesplazarseaotro lugar yacumple con la finalidad, pero se llevan sus problemas y pensamientos que les impide ver y sentir lo que ocurre en los lugares que visitan. En ocasiones hasta cargan con su propia comida pues no se atreven a experimentar nuevos sabores. Quieren tan solo estar en otro escenario, coleccionando imágenes, pero sintiéndose como en su casa. Podemos ir al lugar más maravilloso del planeta, pero si estamos con la persona o pensamientos equivocados, nunca estaremos realmente ahí y nuestra experiencia podrá ser lejos de placentera, muy desastrosa. Imagen: El comercio Imagen: Sliptalk Está el mar; ese mundo siempre tan desconocido que nos invita a explorarlo

RkJQdWJsaXNoZXIy OTE4NTg1