Edición 165
D esde hace más de 15 años tengo el privilegio de recorrer los mares del mundo y allí, en cada inmersión, logro maravillarme hasta las lágri- mas como aquella primera vez. He logrado captar innumerables especies de flora y fauna marina en las memorias de mis cámaras, pero nada se compara a todo lo que queda en mi mente luego de cada inmersión. Es por ello que trabajo, día a día, para lograr la preser- vación de los océanos llegando a los niños, verdaderos destinatarios de mi trabajo. Historia - Mitos - Leyendas Hoy les quiero hablar sobre una de las maravillas del le- chomarino, las hermosasAlmejasGigantes oTridacnas. Muchas leyendas se han escrito sobre ellas, historias de algún buceador que ha sufrido la muerte lenta al quedar uno de sus brazos o piernas atrapados cuando estos bivalvos gigantes se cerraban. ¡Pero esto nunca jamás sucedió!. Las tridacnas son una especie de ostras gigantes que increíblemente pueden llegar a los 200 kilogramos de peso y, como un verdadero gigante, sus movimientos para reaccionar son muy lentos. Cuando se cierra en modo defensivo lo hace con tal lentitud que sería im- posiblequepudiera atrapar aunnadador desprevenido o a algún tipo de pez. Es más, la Tridacna está muy lejos de ser carnívora. El mito de "devoradora de hombres" nunca menciona que por muchos años la gran ostra fue una verdadera víctima. Al vivir en lugares de muy poca profundidad resultaba fácil de alcanzar por aquellos pobladores costeros que buscaban su exquisita carne. Debido a su gran peso era casi imposible llevarla a la su- perficie, entonces, se sumergían y cortaban un pedazo de carne del animal vivo. Con la llegada de la civilización la situación no cambió mucho y hoy se ven gran cantidad de valvas de tridacnas en las iglesias del viejo mundo, sir- viendo de pilas bautismales. Océano Pacífico de Costa Rica. Foto: Tony Nagéra de Sousa Peixera © Lamentablemente también son un lujoso objeto para colec- cionistas que jamás entendieron o entenderán la belleza de tan pacífico animal y la importancia de su preservación. El procurador imperial romano Plinio el Viejo escribió en su libro “Naturalis Historiae”: A decir de quienes hablaron sobre los viajes y las cosas de Alejandro Magno, hay en el Índico unas ostras muy grandes a las cuales llaman tridacnas, que es un nombre que da a entender que se necesitan tres bocados para comerlas. Foto: Luis Jorge Pérez Suár z 5
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