Edición 165

Inmediatamente que comenzaron aquellos primeros viajes por el mun- do, estas ostras gigantes llegaron a Europa en el siglo XVI causando gran sensación. Hay muchas histo- rias al respecto, como por ejemplo cuando los antiguos Embajadores de la República de Venecia ofrecie- ron como presente un par de estas ostras a Francisco I de Francia, quién las hizo instalar como recipiente de agua bendita en la iglesia de Saint SulpicedeParís ydesdeahí las almejas gigantes se conocenen francés como bénitiers, es decir, “Que bendicen”. Fuente: Museo Nacional de Costa Rica © Foto: Tony Nagéra de Sousa Peixera © Foto: Luis Jorge Pérez Suárez Foto: Jean Baptiste Foto: Jean Baptiste 6

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