Edición 167
E l año pasado los conservacionistas rusos decidieron investigar la realidad de las capturas demamíferos marinos en su país. Sabían que, en el Mar de Ojotsk, lejos de la civilización, lejos de todo, se capturaban orcas y belugas. Se sabía que se aprovechaba la migración estacional de las orcas a lo largo de su costa en verano para capturar- las. Nadie lo había visto, dado que es un lugar bastante inaccesible. Sin embargo, esta actividad no es del todo ilegal, pues a pesar de la indignación popular, al parecer, el ServicioFederal de SupervisióndeRecursosNaturales ruso había dado permisos para ciertas capturas en la zona en 2018, específicamente 13 orcas por año, para ser utilizadas en actividades educativas. Tras la emisión de estos permisos, unos cuantos voluntarios de va- rias organizaciones de ese país, dentro de un grupo llamado “Ocean Friends” se equiparon con dos embarcaciones y se presentaron en la zona. Los cazadores de orcas no recibieron muy amigablemente a los activistas, usando armas de fuego contra sus drones y saqueando su campamento. Apesar de las dificultades, recogieronmontónde información. Filma- ron las sangrientas capturas e incluso casi pudieron impedir algunas de ellas, pero los cazadores teníanmejores medios. Capturar una orca joven o un grupo de belugas jóvenes, para utilizarlas en un delfinario, exige un cruento trabajo de caza de la manada y descarte de aquellos ejemplares no deseados por ser ya adultos. La sociedad rusa y el mundo desconocían hasta esa fecha lo que estaba ocurriendo allí. Foto: Vitaly Ankov. Sputnik El mar de Ojotsk, donde capturan las orcas y belugas. La Bahía de Srednyaya, cerca de la ciudad de Nakhodka, donde se sitúa la “base de adaptación” que las empresas tienen como punto de concentración para la posterior venta de las orcas y belugas a delfinarios chinos. Fuente: Google Maps Fuente: Google Maps 48
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