Edición 173

En algunos casos las presas de las que se alimentan son tóxicas, y pueden utilizar los metabolitos tóxicos de ellas para defenderse. Es el caso de los nudibranquios que se alimentan de cnidarios (pólipos, hidrozoos, anémonas) y que al comer sus células urticantes (los cnidocitos) sin sufrir daño alguno, los transfieren a las ce- rata (los pelillos que tienen los aeólidos) usándolos así, como mecanismo propio de defensa. Otros, menos tóxicos, adquieren elementos tóxicos de las esponjas que comen y los acumulan en el manto, y otros incluso son capaces de segregar sustancias por la presencia de glándulas tóxicas en su manto. La presencia de color de advertencia en estos casos está bien justificada. Coloración de advertencia o aposemática. Dos nudibranquios apareándose. La reproducción Si estamos sorprendidos por la variedad de formas y colores, y por lo que ello representa en cuanto a estrategias de defensa, otros aspectos también son interesantes, como es su reproducción. Todos estos animales son hermafroditas pues poseen estructuras repro- ductoras masculinas y femeninas, aunque no son capaces de autofecundarse: necesitan una pareja, e incluso forman cadenas de individuos reproduciéndose. En general tienen el aparato reproductivo a la derecha del cuerpo, por lo que durante la cópula un individuo une su lado derecho con el mismo lado de otro individuo. El resultado de la fecundación es la puesta de muchos huevos, curiosamente también con formas y colores muy variados. Dada la ausencia de ojos, sus receptores químicos permiten la identificación de los otros individuos como de la misma especie o de otras, y así poder saber si son individuos compatibles para reproducirse o no. Foto: Pilar Muñiz 8

RkJQdWJsaXNoZXIy MTc4MjM=