Edición 173
Las estrategias defensivas Una de las características de estos moluscos, y que los diferencía significativamente de los tradicionales, es la ausencia más o menos total de concha protectora. Cuando la tienen, es interna y está recubierta de tejido. Perder la concha defensora presenta inconvenientes: en principio son más vulnerables. Sin embargo, estos maravillosos seres han convertido nudismo en un arte, o lo que es lo mismo, presentan su piel desnuda pero decorada de manera artística y colorida, con el objetivo último de no ser depredados. Esta habilidad les permite una segunda función, la de ser las estrellas de los fotógrafos marinos. Quizá no es una función muy biológica, pero sí curiosa y entretenida. En el juego del disimulo y de la apariencia equívoca las babosas marinas son sin duda unas expertas. Aunque el nombre de babosa nos recuerda a algún ser arrastrado y con poco glamour: nada más lejos de la realidad. Estas estrellas de la fotografía subacuática son ciertamente muy ambiguas: o colores llamativos, sorprendentes, o bien mimetismo y camuflaje. O me exhibo o me escondo… o soy lo que soy, o aparento ser otra cosa. El camuflaje es la primera de las técnicas que utiliza un ser desnudo para no ser depredado. Hacerse invi- sible adoptando la forma y el color de lo que te rodea es una táctica muy frecuente en la naturaleza, y se denomina coloración críptica. Los opistobranquios comen de todo, desde algas, esponjas a anémonas, corales blandos, ascidias, etc. Las especies suelen ser muy selectivas en cuanto a su alimentación e incluso pueden alimentarse sólo de una sola especie. Muchos nudibranquios se alimentan de es- ponjas o briozoos, a veces de coloridos lla- mativos, y como viven literalmente encima de su alimento, adquieren los pigmentos del mismo, mostrando un aspecto exterior muy similar, también llamativo. Algunos se alimentan de algas verdes, como Elysia viridis y Elysia timida que recogen los cloro- plastos que incluso utilizan con funciones fotosintéticas para obtener una fuente de alimento alternativa, y de esta forma pasa a tener el mismo color verde del alga. Otra forma de defensa radicalmente di- ferente es la coloración de advertencia, llamada aposemática, con colores muy llamativos, que indican al posible depre- dador que el animal es venenoso. Se llegó a pensar tenía alguna función de llamar la atención con objetivo reproductivo, pero no es el caso, dado que los opistobranquios no pueden ver los colores: sus sensores situados en los rinóforos son detectores químicos o de presión, pero no son ojos. En esta táctica se presentan dos variantes, los opistobranquios que no son tóxicos y que intentan engañar a los depredadores adoptando los colores de una especie ve- nenosa, en lo que se denomina mimetis- mo batesiano, y los que lo son realmen- te y esto ocurre cuando especies tóxicas que tienen colores diferentes evolucio- nan hacia el mismo color, para facilitar al depredador la identificación de la presa tóxica, en lo que se denomina mimetismo mulleriano. Elysia timida se alimenta de las algas Acetabularia acetabulum y Padina pavonica , de las que toma sus cloroplastos. Coloración de advertencia o aposemática. Tylodina perversa en una esponja. ejemplo típico de coloración críptica. Foto: Pilar Muñiz Foto: Pilar Muñiz y José Calderón Foto: Pilar Muñiz 7
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