Edición 175
Es nadadora aunque menos que los calamares. Vive de noche y se alimenta de langostas, crustáceos y peces pequeños a los que caza al acecho, desplegando una altísima velocidad al lan- zar los tentáculos sobre la presa. Si ésta no está al alcance directo de ellos utiliza una técnica de disimulo y persecución, en la que es literalmente una artista, abandonando su guarida diurna, y se impulsa con el sifón diri- gido hacia atrás hasta que la alcanza. En primavera se reproduce y los machos suelen adoptar una llamativa coloración cebreada. Durante la cópula el macho pasa su cápsula seminal a la hembra con ayuda de un brazo modificado para la cópula. Los huevos fecundados se depositan al cabo de pocas horas. El macho se queda con la hembra y ambos mueren de inani- ción tras cuidar de la puesta. Suele poner más de 500 huevos, con forma de limón, de un color oscuro y de unos 8 mm de tamaño, sujetos al fondo en forma de racimos. Al cabo de 2 meses eclosionan sepias dimi- nutas completamente desarrolladas de 1 cm de tamaño. Vive entre 18 y 30 meses, y sus depredadores son el hombre, las mo- renas y los congrios. Una sepia en actitud desafiante, con dos de sus brazos centrales elevados. Los tentáculos los tiene recogidos hacia el interior, y los utiliza como útiles de caza, los cuales despliega a gran velocidad. La gran variedad de posiciones de los tentáculos de la sepia revelan un lenguaje corporal muy evolucionado, llegando incluso a intimidar a sus presas. La sepia presenta 10 tentáculos, dos de ellos modificados. Foto: Ivan Salazar / Mare Nostrum Expediciones 20
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