Edición 175
Los pulpos Los pulpos u octópodos carecen de concha y tienen ocho brazos con ventosas con gran poder de ad- herencia. Se alimentan de algas, peces y crustáceos pequeños. Tienen mucha fuerza en comparación con su tamaño. Pasan mucho tiempo escondidos en grietas y salen a cazar por la noche. Se mimetizan con el entorno y expresan muy bien su estado de ánimo: cuando se ponen de color blanco es que están asustados. La morena, el congrio o el mero son sus depredadores, de los que se defienden con gran habilidad y valentía, llegando incluso a perder alguno de sus miembros como sacrificio cuando son capturados. Regeneran el miembro perdido al cabo de poco tiempo. Uno de los brazos del pulpo es en realidad el órgano copulador en el macho, llamado hectocótilo, el cual introduce en la cloaca de la hembra. La hembra cuida sus huevos hasta que eclosionan, y para ello se mete en una cueva en la que tapa su entrada con trozos de conchas y piedras. Durante ese periodo defiende a su futura prole de los depredadores y oxigena la cueva. No se alimenta durante ese periodo y tras la eclosión de los huevos muere. Por eso es tan importante que los buceadores no molestemos a los pulpos que están en su cueva pues generalmente son hembras que cuidan de sus huevos. Se les considera los invertebrados de mayor inteligencia, por su capacidad de aprender y resolver situaciones complicadas. Dado que los ejemplares adultos mueren tras la eclosión de los huevos, el conocimiento no se transmite de adultos a juveniles como ocurre con los vertebrados, y cada individuo debe aprender por sí solo todas sus habilidades. Esto supone una gran hazaña para un animal tan inteligente que no tiene la ayuda de sus progenitores ni puede utilizar la técnica de la imitación de otros individuos para el aprendizaje. El pulpo maravilla o mimético Thaumoctopus mimicus tiene la capacidad de imitar a otros animales en comportamiento y tonalidades. Las ventosas de los brazos de los pulpos les permiten literalmente adherirse a los objetos y así poder cogerlos y moverlos. Foto: Ivan Salazar / Mare Nostrum Expediciones 21
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