Edición 186
24 de Marzo... Laura Levine, mi hija de 17 años, se encontraba buceando cuando encontró su primer pez león, Pterois volitans , alias el pez Diablo de fuego. "Era un pez tan hermoso que trató de tocarlo como si fuera un pequeño pájaro". El pez temblaba y se estremecía (con placer pensaba Laura, lo que en realidad era un movimiento amenazante) llegando a to- carla con sus aletas "sentí como agujas ardientes", decía ella: "He buceado en Florida y el Caribe, pero no había observado un pez que se comportara así; este pez deliberadamente me apuñalo; realmente es doloroso". Para cuando Laura subió a la embarcación, su mano estaba in- flamada y descolorida. Ella describió el pez al guía y en cuanto llegaron a la tienda de buceo, colocaron su mano en agua muy caliente; a los 30 minutos el dolor había disminuido, aunque su mano siguió inflamada por varios días. Al igual que el Padre Gerard, Laura no tiene intenciones de descubrir si las personas desa- rrollan inmunidad a las toxinas de estas especies. ¿Como puede un buzo, nadador o pescador evitar un encuentro doloroso con este pez venenoso? Los nadadores deben agitar su pie cerca del fondo sin tocarlo. La mayoría de los peces piedra, normalmente se mueven y alejan. Cuando los buzos encuentren un pez desconocido que rehuse moverse y alejarse, existe una buena razón por la que el pez no muestra signos de miedo; por lo que es mejor manejarlo con precaución, manteniendo una distancia prudente. " Ver... Y no tocar" Foto: Ivan Salazar G. Mare Nostrum Expediciones Foto: Ivan Salazar G. Mare Nostrum Expediciones Las largas espinas dorsales y pectorales del pez león, son venenosas y su picadura es muy dolorosa. El pez león posee además de sus largas espinas, unos tentáculos carnosos que sobresalen sobre sus ojos y debajo de su boca. 17
RkJQdWJsaXNoZXIy MTc4MjM=