Edición Cenotes Primera parte

En el fondo de este cenote se han registrado un total de 22 vasijas, de tipos y formas muy variados, entre ellas algunas vertederas o “cho- colateras”, vasos decorados y un tejo. Los tejos son piezas circulares, que eran extraídos de las propias vasijas. Su función es aún desconocida pero se cree que podrían haber funcionado a manera de fichas para algún tipo de juego. En el estado de Quintana Roo se localiza otro sitiomás, tambiénde interéspara laarqueología, el cual es una cueva, por la que hay que des- cender con cuerdas, cuidándose de las avispas guardianas que formaron supanal en la entrada. Una vez abajo una extensa de comunidad de murciélagos habita pendiendo de las raíces que semejan cables que van de una pared a otra. Al caminar por la pendiente en descenso en la obscura cueva se perciben escalones elabo- rados con las rocas, habilitación realizada por los mayas; hay que tener cuidado porque en el piso se ubican gran cantidad de fragmentos de cerámica. En la parte más baja de la cueva se localizan dos pequeños cuerpos de agua; por uno de ellos se comienza el buceo. Lacuevacontinúadeestamanerapero inundada y en el fondo yacen más de 20 vasijas de cerá- mica. Algunas de ellas tienen formas de ollas, lo cual evidencia su uso como contenedores para la colecta de agua, pero muchas otras están decoradas con incisiones y presentan formas de mayor elaboración, lo cual nos hace pensar en su selección como ofrendas. Al interior de éstas vasijasmás elaboradas se localizaronrestos de carbón, es decir que fueron utilizadas para ritos especiales. Se aprecia una vasija tipo“vertedera”, ofrendada a un cenote probablemente para servir chocolate. Después de ser registrada a detalle, posición, profundidad, elementos asociados, contenido interior, etc., fue colectada para su identificación en superficie. Foto Roberto Chávez Banco de imágenes INAH. Las vasijas presentes en los cenotes aquí descritos son la evidencia material de diversos ritos llevados a cabo por los mayas de la época precolombina en estas fuentes de agua. Para los arqueólogos es la forma de saber en que época vivieron las personas que las depo- sitaron; si procedían de otras regiones como el Petén en Guatemala o tenían mayor relación con la planicie noreste del estado de Yucatán, entre otras muchas cosas. La presencia de los cenotes es algo caracterís- tico de las planicies del norte de la Península de Yucatán y lo fue así también su culto. La ausencia de ríos y lagunas, a diferencia de otras regiones mayas, mar- co la forma de vida y la concepción que se tenía de la geografía. Para los mayas, la dualidad montaña y naci- miento del agua debía ser reproducida en sus asentamientos, por lo que en ellos abundan las pirámides, recreación de la montaña sagrada, y los templos asociados a los cenotes. Entreestas fronteras sagradas transcurría lavida cotidiana de los mayas y entre esas fronteras se delimita nuestros estudios, los cuales segui- remos compartiendo en próximos artículos. Tan sólo en el estado de Yucatán se calcula que existen entre siete u ocho mil cenotes. 21

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