Edición Cenotes Primera parte

D esde el arribo de los españoles en el siglo XVI a la Península de Yucatán, en México, se supo de la realización de sacrificios humanos por parte de los mayas, los cuales arrojaban los cuerpos de los sacrificados a los cenotes (bóvedas colapsadas e inundadas). Las crónicas coloniales de los frailes fomen- taron la idea de que eran doncellas y niños los que se sacrificaban. Las primeras recuperaciones que se hicieron en el cenote Sagrado de Chichén Itzá a prin- cipios del siglo XX por Edward Thompson, mostraron que efectivamente se realizaron sacrificios y ofrendas en dicho cenote; pero los trabajos arqueológicos llevadas a cabo en la década de 1960, bajo la coordinación de Román Piña Chan, desmitificaron la idea de que sólo se sacrificaban mujeres jóvenes, ya que se registraron individuos tanto masculi- nos como femeninos y cuya edad varía desde la infancia hasta individuos adultos. Además del cenote Sagrado de Chichén Itzá, enotroscenotes sehanregistradoimportantes concentraciones de restos óseos humanos. Sin embargo, no es posible afirmar que todas ellas correspondana sacrificios y es importan- te considerar otras causas, tales como el uso funerario (a manera de osarios acuáticos) y muertes masivas (ya sea por guerras, enfer- medades y catástrofes naturales, tales como las sequías y los huracanes. El buceo arqueológico en cavernas y cuevas requiere de técnicas especiales, como la posición de rana modificada, para no levantar el sedimento del fondo y perder la visibilidad o afectar la evidencia. En todos los conjuntos esqueléticos es- tudiados a la fecha se ha observado que los cráneos presentan deformaciones de tipo cultural. Estas deformaciones se generaron a través de la aplicación de bandas de tela y tablillas de madera, durante los primeros cincoaños de vida. Esta práctica fue muy común entre muchas culturas antiguas del mundo, y los mayas no fueron la excepción. La presencia de este rasgo en los cráneos nos ayuda a ubicar los depósitos esque- léticos en los cenotes estudiados hasta la fecha, en el periodo prehispánico y descartar la posibilidad de que corres- pondan a épocas posteriores. Loanterior debido aque estapráctica fueprohibida por los españoles durante la épocaColonial, es decir a partir de 1521 d. C., si bien pudo persistir por un breve tiempo más. Deesta formasedescartatambiénque los individuos hayan sido depositados en los cenotes por causas tales como las pestes que asolaron a la población indígena de la Península de Yucatán durante la Colonia: que sean producto de las insurgencias in- dígenas que duraron hasta mediados del siglo XIX o que correspondan a movimientos armados de la época revolucionaria. El máximo de individuos contabilizados hasta la fecha en un cenote es de 118, lo que corresponde al caso más extraordinario. Foto: Jerónimo Avilés Banco de imágenes INAH Debido a que en algunos cenotes el nivel del agua se encuentra a varios metros por debajo de la superficie, se necesita descender por un sistema de cuerdas y poleas. Gráfico: Lisseth Pedroza/Banco de imágenes INAH. Dicha estimación se ha realizado a través del número de cráneos, sin embargo, el registro detallado de los demás segmentos corporales, actual- mente en proceso, así como la explo- ración del sedimento sobre el que se asientan lasmayores concentraciones permitirá establecer un número más aproximado. El cenote en el cual se localizaron los más de 100 individuos presenta una forma de botellón, característica de muchos cenotes, de boca reducida, en este caso de 1.20mts., debajo de la cual se abre una bóveda muy amplia. 37

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