Edición Cenotes Primera parte

La práctica de remover (exhumar) y re-depositar (re-inhumar) los esqueletos ha sido documentada en el área maya, desde épocas prehispánicas hasta la actualidad. Al no contar con suelos profundos se tiene la costum- bre, tal como se puede observar en los cementerios de la región, de remover los restos de sus tumbas o criptas una vez esqueletizados y depositarlos en pe- queños nichos. El espejo de agua se encuentra a 13 mts. por debajo de la superficie de la tierra, por lo que, antes de la inmersión es necesario hacer un descenso mediante cuerdas y poleas. La mayor concentración de restos óseos se ubica ha- cia el sur del cenote, sobre un talud natural, formado por sedimentos terrígenos. Todos los individuos son adultos y se encuentran desarticulados, a diferencia de otros cenotes, donde es posible apreciar algunos esqueletos en conexión anatómica. Lamarcadaausenciadeotrotipodeevidencia, amane- radeofrendas, nos hacepensar enun recinto funerario de tipo osario, es decir, donde se re-depositaron los restos esqueletizados de ciertos personajes. Sabemos que las cuevas fueron recintos para el depósito final de los muertos, lo cual las convertía en lugares de culto funerario. De ser este el caso, los cenotes con depósitos esqueléticos estudiados serían los primeros reportes de osarios subacuáticos. Es posible que la forma de botellón de algunos cenotes fuese un criterio para favorecer su selección como cenotes osario, quizás por su semejanza a los chultunes. Foto: Eugenio Aceves/ Banco de Imágenes INAH. Para explicar el origen de los depósitos esqueléticos es necesario considerar causas como: sacrificio humano, uso funerario, guerras o catástrofes naturales. Para la correcta interpretación arqueológica es fundamental que la evidencia no haya sido removida o alterada. Foto: Eugenio Aceves/ Banco de imágenes INAH. 38

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