Edición Cenotes Segunda parte
El caso Thompson Investigación y saqueo Se ha comentado sobre los trabajos pioneros para la arqueo- logía subacuática enMéxico; uno de estos trabajos también sirvió como precedente para la legislación mexicana para la protección del patrimonio cultural subacuático. Edward Herbert Thompson, primer cónsul de Estados Uni- dos en Yucatán llevo a cabo una operación de rescate de piezas arqueológicas en dos temporadas, de 1904 a 1909 y de 1910 a 1911; para ello contrató a un buzo griego que utilizó una draga, ya que la poca visibilidad del agua les impidió bucear con escafandra. Thompson obtuvo piezas de jade, oro, cobre, obsidiana, masas de copal, esqueletos, y hasta trozos de textil que acabaron en el Museo Peabody de la Universidad de Harvard. Thompson llegó a México en 1885, investido del cargo de cónsul de los Estados Unidos con residencia en Progreso, Yucatán. Era arqueólogo de profesión y fue recomendado para el puesto por la Sociedad Americana de Anticuarios y por el Museo Peabody de la Universidad de Harvard. Desde su llegada se dedicó a realizar exploraciones arqueológicas y muy probablemente por ello en 1894 compró la Hacienda de Chichén. Thompson excavó sinpermisodel gobiernoel templo llamado “El Osario”, saqueó tumbas y dragó el Cenote Sa- grado de Chichén Itzá, que se encontraba dentro de su propiedad. A lo largo de casi cinco años sacó miles de piezas, las cuales envió al Museo Peabody y al Museo Field de Historia Natural de Chicago. Sin embargo, en años posteriores el cónsul nor- teamericano fue demandado por el gobierno mexicano por extraer las piezas arqueológicas del cenote y llevarlas fuera del país. Este actuar de Thompson, sentó el precedente para mejorar la legislación que existía pero que era insuficiente para proteger los bienes arqueológicos. Esto último se reflejó en la lentitud de los pro- cedimientos administrativos y judiciales, que se prolongaron 40 años; y con un resultado final adverso a los intereses nacionales. Gracias a esta experiencia, la legislación fue modificada y derivó en nuestra ley vigente. Los daños que Thompson causó a la arqueología mexicana tienen mayor trascendencia científica por las características tan especiales de Chichén Itzá, dada su ocupación tolteca. La forma en que el diplomático revolvió los depósitos del Cenote Sagrado, sin seguir un plan específico, ni recuperar y mucho menos dejar la información, destruyó la posibilidad de hacer una reconstrucción precisa de la historia cultural que guardaba este sitio. Este inmenso daño de ninguna manera podría haber sido compensado por la cantidad demandada a Thompson, ridículamente disminuida en la sen- tencia judicial. En 1944, cuando se resolvió el caso, ya se habían registrado trans- formaciones muy importantes en la organización del servicio públicodeproteccióny conservacióndemonumentos, creándose el Instituto Nacional de Antropología e Historia que empezó a funcionar en 1939. Posteriormente, el INAH hizo gestiones ante el Museo Peabody para lograr, por la vía amistosa, el retorno de una selección de las piezas sustraídas por Thompson. No hace mucho que dicho museo efectuó una devolución simbólica. En la actualidad existe un tratado bilateral con Estados Unidos para la devolución de bienes culturales sus- traídos indebidamente del territorio nacional. El 20 de noviembre de 1988 se publicó el Decreto que declara a Chichén Itzá zona de monumentos arqueo- lógicos. En él se fijan sus linderos y se otorga al INAH la facultad de regular el uso de suelo, e incluso se prevé la protección del medio ambiente. Para leer más. Olivé Negrete, Julio Cesar, 1991, “Para la historia de la arqueología mexicana. El caso Thompson”, en Arqueología 5: enero-junio, pg 119-127. Esqueletos humanos recuperados de las aguas del cenote Sagrado de Chichén Itzá. Por su estudio se supo que los mayas sacrificaban: mujeres, hombres y niños. Plataforma instalada en la década de 1960 para los trabajos arqueológicos subacuáticos. Plataforma instalada en la década de 1960 para los trabajos arqueológicos subacuátcos. Banco de imágenes INAH. Banco de imágenes INAH. 29
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