ESPACIO PROFUNDO DIGITAL 134

El principal problema es la hipoglucemia, que en algunos casos puede constituir un verdadero peligro, ya que afecta a la sensibilidad, al nivel de conciencia, a los reflejos y a la coordinación de los movimientos. Corregirla bajo el agua es, evidentemente, más complicado que en la superficie: la medida habitual, es decir, la ingestión de productos ricos en hidratos de carbono no puede aplicarse cuando se está buceando (o en el agua) y, además, la asistencia por parte de otra persona no puede consistir en los métodos habituales (inyección de glucosa por vía intravenosa, o glucagón subcutáneo). También es posible que haya dificultades a la hora de reconocer el síndrome: de hecho, cuando buceamos, los síntomas de hipoglucemia pueden confundirse con los de la narcosis por nitrógeno, mientras que en las horas siguientes pueden parecerse a los de la enfermedad por descompresión. Por lo tanto, si se tiene debida cuenta de la hipoglucemia, del mismo modo que sucede con otras actividades que impliquen un “alto riesgo” potencial (como pueden ser la conducción o incluso la natación), podemos descartar que el buceo suponga “en sí mismo” una complicación médica más que afecte al control metabólico del paciente. Lo cierto es que se han realizado estudios experimentales y de campo que han demostrado que las variaciones glucémicas (concre- tamente, la hipoglucemia) no se producen en el curso de la inmersión, incluso si consideramos la posible reducción en la necesidad de insulina atribuible al conocido efecto sobre la sensibilidad a esta sustancia en todas las formas de ejercicio físico. Incluso en lo que se refiere a los demás problemas que hemos mencionado (desde los relacionados con las variaciones de presión hasta los de tipo digestivo) no hay nada que demuestre que son más frecuentes y/o más graves en los diabéticos. 42

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