ESPACIO PROFUNDO 145
Se cree que los sonidos intencionados, como el canto de las ballenas, los chasquidos de los delfines o las vocalizaciones de los peces se producen con fines de comunicación, de eco- localización y quizá también de cartografía acústica del medio para evaluar las características físicas. La detección de sonidos por parte de los vertebrados aumenta claramente en el me- dio acuático. Las capacidades auditivas de ciertas especies de peces (teleósteos) son relativa- mente sofisticadas y numerosas especies son no solo capaces de detectar los sonidos, sino también de determinar la dirección de la que proceden, de detectar una señal entre ruidos que tenderían a en- mascararla y de distinguir entre diferentes sonidos. Por otro lado, se percibe una similitud considerable en la estructura del oído de los ver- tebrados acuáticos y terrestres. Y está claro que la estructura de base del oído, incluidas las células sensorialesciliadasque transforman lasvibraciones en señales eléctricas en el sistema nervioso de todos los vertebrados, evolucionó muy temprano en la historia de éstos. En el medio marino el alcance de la vista está limitado debido a la rápida absorción de las longitudes de onda lumínicas. Enconsecuencia, si losprimerosanimales acuáticos hubieran dispuesto solo de sistemas visuales, la gama de información que habrían podido recoger sobre su entorno habría estado limitada por la escasa distancia de penetración de la luz en el agua. La evolución de un sistema auditivo capaz de diferenciar entre sonidos, de determinar su procedencia y de detectar sus componentes, incluso si el entorno es razonablemente ruidoso, ha aumentado de forma consi- derable las posibilidades de supervivencia de los animales marinos. La presencia de sonidos constantes de gran potencia de origen humano o natural, puede alterar los patrones de migración, comunicación, caza y reproducción, en especial de los mamíferos marinos. Comunicación hidroacústica entre diferentes navíos y medios de comunicación 62
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