Edición 179

La liebre de mar hará todo lo que esté a su al- cance para evitar ser una presa fácil de algún predador vertebrado o invertebrado, por lo que ha desarrollado una variedad de defen- sas que incluyen conductas de escape, gran tamaño, coloración críptica y sustancias quí- micas. Es una especie de estudio por diversos espe- cialistas ya que se ha adaptado a una serie de mecanismos de protección mediante defen- sas químicas como en su sistema nervioso, el cual es grande y muy simple. LA LIEBRE DE MAR Los opistobranquios, que incluyen a las liebres de mar, son caracoles bentónicos gasterópodos que viven en muchos hábitats marinos. De movimiento lento, cuerpo blando y al no tener un caparazón externo, pudiera ser una presa fácil altamente vulnerable; no se conoce de algún depredador en específico que se los coma con regularidad, pero existen depredadores en particular: peces, crustá- ceos y anémonas que buscan consumirlos de for- ma ocasional. A diferencia de los caracoles, en los cefalópodos y opistobranquios la concha protectora ha evolucionado hasta convertirse en una estructu- ra interna o haber desaparecido, desarrollando así un sistema de defen- sa especial. En el caso de los cefalópodos (sepias, calamares y pulpos) basan su protección en su capacidad tanto de camuflaje al cambiar su coloración como la textura de su piel, como la forma de propulsión mediante la captación de agua a su interior del cuerpo para después expulsarla por un sifón y moverse en sentido contrario a dicho fluido. Poseen una bolsa especializada en donde acumulan tinta, la cual es ex- pulsada dejando atrás una nube oscura de tinta, permitiendo su huida ante cualquier agresión; dicha tinta que se libera junto con un chorro de agua mediante su sifón y tiene como elemento principal la melani- na. Dependiendo de la especie es la tonalidad oscura de la tinta ya que puede ir desde el negro hasta el marrón. Los cefalópodos pueden también expeler un compuesto amorfo, es de- cir una sustancia con mayor contenido de moco ocasionando que no se diluya tan fácilmente distrayendo aun más al atacante, ya que éste podría atacar al cuerpo de la tinta y no a su presa. La liebre de mar utiliza su fotopigmento derivado de su dieta para protegerse de sus atacantes, pudiendo tener efectos sobre la fisiología y comportamiento en ellos. Foto: Arturo Hernández-Velasco / COBI Foto: Ivan Salazar Mare Nostrum Expediciones Pulpo en huida ante un posible atacante. 30

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